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miércoles, 11 de enero de 2012

Lolei, Preah Ko y Bakong, los Templos de Roluos.

Torres traseras en el templo Preah Ko.
Al poco de comenzar nuestra marcha, una vez que se hubo alejado del pueblo, Sam Om paró el motor del tuk tuk, se bajó y se volvió hacia nosotros con evidente gesto de haberlo estado pasándolo muy mal.
Con su precario inglés se intentó disculpar por todo lo sucedido. No lo dejamos.
Si acaso él tuvo algo de culpa, fue solo de tener miedo.

Subiendo el Bakong.
Nos quedó muy claro, que la actitud de la gente del lago cuando llegamos, así como la del barquero cuando le reclamaba el dinero, era avasallante e intimidatoria hacia él.

Para ellos, nosotros no éramos sino un meros objetos del que obtener algo de dinero y que Sam Om, un paisano suyo, tendría que estar obligado a facilitárselo.

Seguramente, hasta podría haber recibido una comisión por ello, pero con este gesto, junto a su cara de preocupación, comprendimos que nunca fue intención suya.

Le dijimos que para nosotros, él no tenía culpa alguna de que sus paisanos no "cuidasen" al turismo, que estuviese tranquilo.
El nos repetía que no quería que estuviésemos enfadados con él, que quería vernos felices.

Le dimos unas palmaditas en la espalda y le dijimos que estábamos muy contentos que él, y que no estábamos enfadados.

Escalando el Bakong.
Eso pareció tranquilizarlo. Entonces, nos propuso para ir de vuelta, hacer una parada en la pequeña población de Roluos, donde pararíamos para almorzar y visitar alguno de los templos pre-angkorianos de la zona, antes del volvernos al hotel, en Siem Reap.

Tomamos un desvío de la carretera principal para continuar con nuestro camino, atajando, según Sam Om, hacia Roluos, pero al caer en uno de los infinitos baches del camino de tierra, oímos un fuerte y sonoro "CRACK!" en una de las ruedas. Cuando miramos bien la rueda izquierda del tuk tuk, iba girando en muy malas condiciones, a punto de romperse del todo y dejarnos allí, en medio de la nada, "tirados".

Por suerte, pudimos continuar hasta un "chiringuito" donde pudimos hacer tiempo almorzando, para que Sam Om llamara al hotel, y le trajeran otro carro para cambiarlo.

Mientras almorzábamos en el peculiar restaurante, en el que si el que escribió las normas de sanidad hubiese comido allí, se hubiese llevado las manos a la cabeza, Sam Om, que como de costumbre, no quiso sentarse a la mesa con nosotros, quería hacernos un poquillo más "la pelota" para que olvidásemos del todo el incidente con el barquero del poblado, nos regaló unas mini-bananas muy dulces para el postre.

Como el carro del Tuk Tuk, se demoraba, hablamos con Sam Om, y nos fuimos caminando hasta un pequeño templo que divisábamos desde allí, que no estaba lejos y quedamos con él, en que cuando estuviese listo, nos recogiese allí.

Ese lugar es conocido como templo de Lolei.


En realidad, ese sitio no tiene mucho que ofrecer.
Situado en un pequeño promontorio, hay dos torres en muy mal estado de conservación, que se ve que están intentando restaurar, y un pequeño monasterio, donde los jóvenes monjes, ataviados con sus trajes color naranja, piden donaciones.


Cuando miramos escaleras abajo, Sam Om nos hacía aspavientos sonriente, en señal de que ya tenía el tuk tuk listo para continuar.
Bajamos y salimos en ruta hacia otro templo cercano.

El templo de Preah Ko.

Su nombre significa algo así como buey o vaca sagrada.


Es un recinto bastante amplio, aunque sin la grandiosidad y el buen estado de conservación de sus homónimos de Angkor, en el que su principal atractivo son las torres de ladrillo de arenisca rojiza y sus tallas y relieves en escayola, junto a inscripciones hindúes.


Mirando hacia las torres, encontramos tres figuras, que son las que dan el nombre al templo, son unos bueyes sagrados en posición de descanso o de adoración, y enfrentados a ellos, en las escaleras que dan acceso al templo, unos leones a cada lado de las mismas.


Después de un ratito de deambular por el Preah Ko, buscamos a Sam Om, que nos condujo al más grande y mejor templo de los que vimos en Roluos.

Muy cerca de allí, se encuentra el templo de Bakong.


Cuenta con una entrada bastante espectacular. Un pasillo de tierra, bordeado de verde y abundante vegetación conduce hasta un gran complejo piramidal que representa, como tantos otros templos hinduístas, al monte Meru y como no, también dedicado al dios Siva.

En las cinco plataformas de este altísimo templo, hay muchas estatuas con formas de elefantes, al estilo del templo de Meabon Oriental, en Angkor, y de leones.

Vista del templo Bakong desde la torre más alta, monasterio a la izquierda.

Desde la torre más alta del templo, pudimos contemplar el monasterio budista que hay dentro del recinto, asi como las grandes torres de arenisca rojiza, del mismo estilo que las de los otros dos anteriores templos de la zona de Roluos que visitamos.

En lo más alto del Bakong.

Nos gustó mucho este templo y nos resultó un sitio interesante a la par que tranquilo. Quizás la única pega, la de siempre. Los niños que piden limosna.

Unos cuantos niños, ataviados con un sucio uniforme de colegio y portando una cajita de madera, pedían donaciones en nombre de los colegios y de los templos de la zona.
Nos resultó muy divertido, observar la ingenuidad y bondad de su niñez.


Dos mujeres de ascendencia china, ataviadas con sus mascarillas y guantes blancos (al estilo de Michael Jackon, como les gusta usar a ellos) traían en una bolsita transparente unos bollos con forma de donuts grandes, que les resultaban irresistibles.

Cuando las señoras se acercaron a los niños y éstos fueron a pedirles su donación económica, la que portaba la bolsa de los bollos, con un simple gesto de manos, hizo que los siete u ocho niños y niñas que allí estaban, se pusieran en fila y aguardaran pacientemente su turno, mientras ella sacaba delicadamente cada bollo, y de uno en uno, se los fuese entregando.

Ellos, con sus dos manitas extendidas lo recogían mientras inclinaban la cabecita en señal de agradecimiento.

Más divertido para nosotros fue, observarlos desde lo alto de nuestra atalaya, como por un buen rato, se olvidaron de "perseguir" a los turistas, y sentados sobre las ruínas, disfrutaban y comentaban entre amplias sonrisas, su inesperada y deliciosa merienda.


Después de un fascinante día, con los normales altibajos, por un lado de la emoción de descubrir nuevos y maravillosos rincones, por explorar los impresionantes paisajes, por recorrer exóticos rincones y por el otro lado, los típicos enfados con el regateo y los pequeños timos a los que somos sometidos los turistas en esta exótica parte del mundo, nos volvimos con nuestro amigo Sam Om, a bordo de su Tuk Tuk, a nuestro hotel en Siem Reap.


Al llegar, le dimos a Sam Om una propina buena propina, por su buen hacer, por su grata compañia, y sobre todo, para compensarle los dos dólares que había perdido con el barquero.



Cansados, lo único que hicimos esa tarde-noche, fue cogerle prestado el Pc a Kaeo, para mandar los e-mails a nuestros familiares y amigos, localizar posibles alojamientos en la ciudad Saigón, cenar e irnos a la cama tempranito para descansar, pues mañana retomaríamos la carretera con destino a un nuevo país: Viet-nam.

martes, 20 de diciembre de 2011

Nuestro Vídeo-resumen de Los templos de Angkor.

Antes de proseguir la aventura que vivimos en Camboya y que nos conducirá a través de un entorno único y diferente, aquí va el capítulo 2 de nuestras andanzas.
Esperamos que lo disfrutéis:

lunes, 19 de diciembre de 2011

Sam Om.


Después de que le hubiésemos pedido a Sam Om que nos volviera a llevar al Angkor Wat, aceptando de "mil amores", nos trasladó rápidamente entre atajos por la ya familiar tierra roja, en los que nos volvimos a encontrar con la gente más humilde de esas latitudes haciendo su vida.


A la llegada al templo, malos presagios. El cielo se tornó muy oscuro en muy poco tiempo, por lo que corrimos a toda velocidad hasta el centro el complejo para evitar que nos lloviera a mitad de camino.


Lo conseguimos solo en parte, pues justamente cuando alcanzamos nuestro objetivo, comenzó a caer una fina lluvia, cuando menos molesta, porque no nos dejó sacar casi ninguna fotografía.

Por lo menos, disfrutamos de estar una vez más en Angkor Wat, que no es poco.

Tampoco pudimos subir a la torre más alta, pues si ayer estaban limpiando, hoy, justo a nuestra llegada, acababan de cerrar el acceso a las escaleras.
A las 5 p.m. en punto, ya no te dejan subir.

Dio igual, ya teníamos el "alma hinchada", y desde que la lluvia aflojó un poco su intensidad, caminamos a toda prisa para llegar hasta Sam Om, intentando que no nos pillara el chaparrón tropical típico de Asia.
Justo cuando alcanzamos a nuestro amigo empezó a llover con más insistencia, por lo que le dijimos que se había acabado su trabajo por hoy, que nos llevara de vuelta al hotel lo más rápido que pudiese para evitar mojarnos.

Él, con su inagotable sonrisa, aceptó.

No pude evitar reparar en que Sam Om iba vestido con una simple camiseta, y que se estaba mojando con la lluvia.

Le pedí que parase: Sam, would you like my jacket? -le dije mientras le ofrecí mi chubasquero.
No, thanks! - me respondió con una evidente timidez que le impedía aceptar, y reanudó la marcha.











A los pocos minutos, de repente, la lluvia se tornó en un fuerte aguacero tropical tremebundo. Sam Om, empapado, paró su Tuk Tuk, se volvió hacia mi, y me gritó sonriente mientras con su mano protegía sus ojos de la lluvia : YES I WANT!...YES I WANT!



En un santiamén, lo disfrazamos de Pedro con su impermeable, y pudo continuar la marcha a duras penas, hasta que pasados unos diez minutos, dejó de caer agua y reapareció el tremendo calor y la humedad.

Desde que llegamos al hotel, Sam Om se ofreció para llevarnos a cenar a algún lugar de Siem Reap. Declinamos su oferta, y como de costumbre, le dimos unos cuantos dólares como propina, que él aceptó humildemente, sin mirar lo que le dábamos y le explicamos que hoy queríamos descansar para mañana afrontar con fuerzas la excursión que habíamos planeado.

Esa noche, la pasamos muy tranquilos. Cenamos en el hotelito, y después nos relajamos oyendo cantar a los chicos del hotel con el karaoke, en el canal de Tv camboyano, en el que 24 horas al día, emiten canciones subtituladas para que los telespectadores canten.
¡Hay que ver lo que les gusta a los asiáticos en general un karaoke!
Nos partíamos de risa escuchando lo mal que cantaba Kaeo, el joven encargado del hotel, que cada vez que pasaba por allí, igual que las camareras, se paraban unos segundos delante del televisor, y empezaban a cantar en voz alta. Cuando terminaban con su "estrofa", reanudaban su trabajo...
La verdad también, es que estábamos como en familia, ya que casi no había gente alojada en el hotel.
Yo les decía: ¡Por favor! ¡No canten más, que mañana vuelve a llover y yo quiero ver Camboya!...y ellos me miraban, se reían, y me dedicaban la canción, en tono más alto y personalizado...

sábado, 17 de diciembre de 2011

Los templos de Angkor. 9ª parte. Preah Khan, La Espada Sagrada.


El chiringuito donde almorzamos, estaba muy cercano a uno de los complejos de templos más grandes de Angkor, el Preah Khan, que significa algo así, como la Espada Sagrada.




Así pues, caminamos un poco hasta allí, y dejamos a Sam Om tomando la siesta en la parte trasera del chiringuito, junto con otros conductores de Tuk Tuks, que tenían a tal efecto, unas hamacas estratégicamente colocadas.







El paseo se hizo muy agradable, a pesar de la eterna humedad del ambiente, ya que para acceder a la puerta de entrada el Preah Klan, tuvimos que adentrarnos un poco en la jungla y cruzar unos puentes con tallas en piedra muy singulares y bonitos.


Quizás, la entrada, no es la más espectacular de los templos de Angkor, pero lo que hay dentro no desmerece en nada a los mejores del lugar.


No solo es un recinto grande, donde perderse deleitándose con los restos de esas maravillas arquitectónicas que se construían por el hombre hace más de 3.000 años, sino que forma un entramado de pasillos y estancias, similar a un laberinto.

Esta repleto de bóvedas, oscuros y estrechos corredores que dan a patios, estanques, muros donde las raíces de los árboles se han instalado con el abrazo de sus enormes raíces.
Además, contiene numerosas tallas decapitadas, y relieves con las representaciones del "batido del Océano leche" hindú.

Todo ello adornado por doquier, con los montones de enormes bloques de piedra con líquenes y musgos incrustados, producto de la obra el tiempo y sobre todo de la naturaleza, que lenta pero impasible, ha ido deteriorando hasta derruir numerosas de las edificaciones de estos templos.

Fue sin duda, uno de los sitios que más nos gustó y disfrutamos de él.

Aquí, realmente sentimos que estábamos en el lugar que habíamos venido buscando, pues no es una parte de la zona temática de los templos, que esté excesivamente "turisteada", por así definirla.

La afluencia de gente, es infinitamente menor que en otros complejos como pueden ser el Angkor Wat, o el Angkor Thom, con el templo de Bayon como su principal reclamo.
Este lugar, se define en las guías, como un magnifico contrapunto al Ta Prohm, y nosotros damos fe y atestiguamos que es cierto. Además, debido a la afluencia masiva de turistas, seguramente provocada por el hecho de que se rodara la película de Tom Raider allí, éste esta hasta mejor conservado.
 Pudimos relajarnos y sentarnos a descansar en lo alto de uno de los edificios del templo, y disfrutar de la soledad, de los sonidos de los pájaros de la jungla...hasta que una vez más, aparecieron los niños.
 Esos niños, que nos rompen el corazón a cada vez que nos los encontramos con cada paso que damos y que sin embargo, es curioso y chocante la cara de felicidad y los murmullos de risas que portan siempre consigo.
Después de un rato de descanso, exploramos a conciencia el lugar, encontrándonos a nuestro paso, preciosos estanques donde perder nuestro tiempo fotografiando todo lo que pudimos, y al igual que en el Ta Prohm, en los muros exteriores, las impresionantes raíces de los gigantescos árboles de la jungla, que se han ido adueñando de los huecos entre los bloques de piedra. Una de las imágenes únicas del mundo, por la que vinimos hasta aquí.

A la salidadel Preah Khan, le pedimos a Sam Om, que nos llevara de nuevo a ver el Angkor Wat.


A pesar de que nos quedaban multitud de templos que ver, mañana teníamos planeado un cambio de ruta que nos alejaría de la posibilidad de volver a ver esa maravilla única, motivo de nuestra presencia en este país, y deseábamos sentir la profunda sensación que nos abordó la primera vez que cruzamos la inmensa avenida que conduce al templo del interior de Angkor Wat. No queríamos irnos sin volverlo a ver con nuestros propios ojos.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Los templos de Angkor. 8ª parte. Ta Som.


La siguiente parada de la mañana, el Templo de Ta Som.

Un templo pequeño, pero con una entrada impresionante. Una puerta adornada con una cúpula con una cara como las del Templo de Bayon, con un árbol cuyas raíces han abrazado y rodeado la puerta en el lado interior del templo.



Allí, unas cuantas niñas se intentaban ganar un dinerillo vendiendo la misma chatarrita de siempre y comían todas de una bolsita plástica puñaditos de arroz.


Una de ellas, de unos cinco años, nos ofrecía pulseritas: "one dolar for one, two, three...!"

Como no le hacíamos caso lo intentó nuevamente en italiano: "one dolar per uno, due, tre..."

Yo, le continué con la cuenta hasta diez y le dije:
In deucshtland "one dolar for einz, zwei, drei...", y ella, me continuó con la cuenta en alemán hasta diez.

En español, le volví a decir: one dolar for, una, dos, tres y ella, me continuó la cuenta hasta diez en español...

In chinese, le dije esta vez, y comencé a contarle en chino: yi, ar, sháan...y ella, me continuó hasta diez en chino...

¡es una pasada como agudiza el ingenio la necesidad! La niña, de no más de cinco años de edad, sabía contar en cualquier idioma que le propusieras, nos dejó impresionados.



El interior de este templo, el Ta Som, no tenía nada digno de mención, salvo muchos bloques y rocas producto del derruimiento del mismo, unos cuantos charcos donde los niños intentaban pescar con sus pequeñas cañas en mano y poco más.
Eso sí, repetimos que la puerta por la que se accede, es sencillamente espectacular.

Al salir del templo, nos pusimos a regatear por unas botellas de agua en uno de los chiringuitos.
 Nuestra intención era quitarnos los pocos Rieles Camboyanos que nos habían devuelto en uno de los pagos que hicimos en Siem Reap, al pagar una cena la noche anterior en dólares.
Como eran muy pocos los Rieles Camboyanos que teníamos, y no nos daba, decidí probar a ver si era verdad eso que tanto habíamos leído de que allí se acepta todo tipo de moneda. El dinero que nos faltaba para las dos botellas de agua, decidí, por hacer el experimento, intentar pagarlo con las monedas Tailandesas que nos quedaban.
 

Dicho y hecho. En un momento se montó un batiburrillo de gente alrededor nuestro decidiendo cuál era el cambio Bath-Riel.

Yo les propuse hacer el cambio de un Bath por cien Riels y ellos lo aceptaron entre risas, sin más.


Allí mismo, nos volvimos a tropezar con nuestro amigo español, el chico de los tatuajes, que nos contó su batallita en el día de hoy en los templos.
Por lo visto, había uno al íbamos a ir, el Preak Neak Pean, que estaba totalmente inundado, y él para pasar, se había remangado los pantalones y con sus cholas, se había metido a caminar por allí.


Cuando vimos a Sam Om, le comentamos lo del templo sumergido, él nos dijo que ya lo sabía y que por ese motivo, lo había excluido de la ruta.
 Así las cosas, nos propuso buscar un sitio para almorzar, y aceptamos de muy buen grado.

Al llegar al chiringuito que él buscó, nos atendió una sonriente camarera.

Su cara, su simpatía y desparpajo con nosotros me gustaron mucho y así se lo hice saber a Marijose, que me contestó que si ya me estaba pasando lo mismo que en Chengdú, donde siempre me estaba confundiendo de chino y no era capaz de reconocerlos. ¿Qué no ves que es la mujer de Sam Om, bobo?

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los templos de Angkor. 7ª parte. El Templo de Mebon Oriental.

Entrada al templo de Meabon Oriental.
Gracias al ratito que necesitamos para trasladarnos del Bantey Srei al siguiente punto a visitar, pudimos recuperarnos algo del calor, a bordo de nuestro Tuk Tuk.



El movimiento del motocarro, hacia que la brisa nos refrescase y pudiésemos dejar de sudar, por lo menos en esos ratitos.


Además, cuando nos movíamos de templo en templo en nuestro curioso método de transporte, las imágenes cotidianas de la vida diaria de las personas que allí moran, se nos sucedían delante de nuestros ojos de tal modo, que parecía que estuviésemos dentro de un documental.


Estas allí, pero una barrera que te hace prácticamente invisible para sus ojos, te separa de ellos.


A esa hora, los niños salían de los numerosos colegios que hay repartidos por toda esa zona, y formaban las ya familiares procesiones de bicicletas a lo largo de la estrecha carretera, salpicada de cuando en cuando por algún Tuk Tuk de turistas y por algún animal de granja, de los que andan sueltos por ahí, y que provocan algún susto a los conductores.

La siguiente parada que decidió hacer Sam Om, fue en un templo que habíamos pasado de largo en la mañana de camino a Banteay Srei, el templo de Mebon Oriental.

De este templo, recordamos una anécdota en especial.















No había nadie cuando subimos las empinadas escaleras del templo, y mientras llegábamos hasta las torres, nos dedicamos a fotografiar los elefantes tallados en piedra, muy bien conservados, que hay en las esquinas de las plataformas y a hacer bastante el bobo.



Nos pusimos a filmar un vídeo para el blog, y soltamos la cámara de fotos en el suelo, en la base de una de las torres, olvidándola allí.

El calor hizo mella nuevamente en nosotros y buscamos refugio en el torreón más alto, donde aparecieron unas niñitas camboyanas con intención de vendernos cositas.

Después de bromear un ratito con ellas, se marcharon al ver que no les comprábamos nada, pero no se fueron muy lejos.


Cuando nos percatamos de que nos faltaba la cámara (y lo que más nos dolía, que habíamos perdido todas las fotografías del viaje hasta ahora), salimos como locos a buscarla por todo el templo, hasta que nos dimos cuenta, de que las niñas, estaban haciéndonos tímidas señales, para que nos diéramos cuenta de donde estaba la cámara. Justo en el mismo sitio y en la misma posición donde la habíamos dejado olvidada la encontramos.

Si hubieran querido, se la podían haber llevado sin que nos hubiésemos enterado, pero la honradez de estas niñas tan pobres, es una virtud más que admirar.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Los templos de Angkor. 6ª parte. El Banteay Srei.


Como de costumbre, madrugón espontáneo.
Sobre las 6 a.m. nos despertamos y tuvimos que hacer tiempo duchándonos y preparando las cámaras de fotos y vídeo hasta que abrieran la cocina para bajar a desayunar.
Yo salí un poco antes, con intención de averiguar si ya estaban los chicos del hotel despiertos y de recuperar nuestro calzado.

Como curiosidad, hay que comentar que tanto en las casas, como en los restaurantes o en los hoteles de Camboya, hay que descalzarse. Nada más salir de la habitación, me los encontré durmiendo acurrucados en las esquinas de los pasillos de madera.

El único que se encontraba despierto, era el jovencito encargado del hotel.
Él, despeinado, sin camisa, y con cara de sueño, con aspecto de todavía no haber tenido tiempo del aseo matutino, me sonrió, y corrió hacia mí y se me abrazó como si me quisiese de toda la vida.
Lo que se rió Marijose al ver mi cara de asombro con tal muestra de esfusividad y lo cómico de la escena, pues el chico no me llegaba ni a la altura del pecho.
 


Realmente no sabemos qué es lo que tengo, seguramente que no soy el típico turista rubio de ojos azules europeo o americano, tengo demasiada pinta de "isleño canario", y puede que sea mi aspecto "un poco pueblerino" lo que les llama la atención, pues tanto en estos tres países que visitamos, como el año pasado en China, cuando nos veían aparecer con algún grupo de turistas, siempre se querían fotografiar conmigo.

Después de nuestro desayuno de herencia francesa, compuesto por café con leche y bagette con quesito para untar y revuelto de huevo, nos reencontramos con Sam Om para reanudar la ruta por los templos de hoy.

Ese día decidimos ir lejos, a unos 20 kilómetros, para empezar el recorrido por uno de los templos que nos recomendó por su belleza el joven encargado del hotel, El Banteay Srei.
El camino de más de una hora en nuestro remolque-moto, nos sumergió de nuevo en la realidad de la vida cotidiana de Camboya y su extrema pobreza, a las orillas de sus rojizas carreteras de tierra.

La visión de tantos niños pequeños, jugando casi desnudos, sólos, porque seguramente sus padres estarían intentando ganarse la vida fuera, con los hermanos mayores, los de cinco años más o menos, cargando en brazos a los bebés, fue demasiado dolorosa para nuestros ojos.
 A lo largo de la travesía también, nos fuimos encontrando con muchísimos colegios en los que en sus puertas principales se habían colocado carteles en inglés, en los que se hacia mención a fundaciones benéficas de las que dependían.
Después, en muchos de los templos, te encontrabas con niños y niñas uniformados de escolares, recaudando dinero a través de la caridad de los turistas, para esas fundaciones.

El Banteay Srei, es uno de los templos más apreciados y singulares de Angkor.
No es un templo enorme, como en la mayoría de los casos, en el que haya que desfondarse subiendo enormes y empinadas escaleras.

Todo lo contrario.
Es un templo de dimensiones muy modestas, en el que solo hay un nivel, a ras de suelo, por el que pasear a lo largo de las puertas y estancias del mismo.















Eso sí, la roca de color rosáceo con la que se construyó este templo, más los infinitos grabados, relieves y bajorrelieves, las incrustaciones, tallas y demás elementos decorativos que hay a lo largo de todo el templo, le confieren un aspecto impresionante.


   
Este templo también es único, en el sentido de que es de los pocos, según se ha descubierto, que no fue mandado a construir por un rey, sino por un funcionario de la época alrededor del año 1.000 a.c. y esta dedicado a la divinidad hindú de Siva.

La traducción al español de su nombre, viene a significar algo así como "Ciudadela de las Mujeres", por lo que otra teoría, es que este magnífico templo, podría haber estado diseñado por una mujer.

A pesar de lo temprano de la mañana, la humedad del ambiente selvático donde se encuentra este templo, se hizo sentir sobremanera.

Buscando refugio, encontramos un sendero que indicaba un recorrido a lo largo de un lago con miradores alrededor de la zona temática del templo, y decidimos pasearlo a ver qué ofrecía.












El supuesto lago, era un cenagal, en el que las aves que aparecían en los carteles, eran las únicas que se veían. Allí no había nada que ver, salvo basura y un montón de chiquillos, sucios y descalzos, que se colaban entre la maleza a ese templo, con intención de intentar endosar a los turistas postales y chorraditas, que transportaban enrolladas en sucios arapos, dentro de sus bolsitos, supuestamente para ir a la escuela.
No daban mucho "la lata", pues eran tan pequeños de edad, que después de preguntarte un par de veces si les comprabas algo, se distraían entre sus juegos y bromas, y se dispersaban persiguiéndose los unos a los otros, entre saltitos y carreritas.

Al terminar el circuito por el que conducía el sendero, como siempre, pasas por unas tiendas estratéjicamente colocadas y de ahí, al parking, donde San Om aguardaba tumbado en el carro del Tuk Tuk a que llegásemos para continuar con nuestra exploración entre los maravillosos templos de Angkor.



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