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sábado, 4 de febrero de 2012

El Vídeo-Resumen de nuestra visita a Ho Chi Minh.

Antes de comenzar la narración de nuestro nuevo destino en nuestra aventura en Vietnam, aquí os dejamos el resumen en vídeo de lo que hicimos y vimos en la ciudad de Ho Chi Minh.

Ahora que lo hemos visto, nos reafirmamos en que no nos lo pasamos nada mal.

jueves, 2 de febrero de 2012

Ho Chi Minh desde el Sheraton Saigón (5ª parte).

Salimos del Museo de los recuerdos de la Guerra, con una sensación "de mal cuerpo", y es que nos dio bastante "mal rollo" el visionado de unas fotografías tan duras y atroces como las que allí exponen.

Ya estaba empezando a caer el sol, así que pusimos rumbo en dirección hacia el río, en busca de un nuevo punto estratéjico de la ciudad.


 Por el camino, nos tropezamos con un impresionante edificio colonial, el Palacio de la Reunificación, con toda la larga y entramada historia que tiene detrás.

Retornamos a la zona de la Catedral de Notre Dam, e intentamos fotografiarla desde la famosa Oficina principal de correos, cosa que nos resultó un poco difícil, pues la lluvia aún no había dejado de "chispear".


Lo mismo hicimos en el Teatro de la Ópera, en donde nos llamaron la atención los altos y modernos edificios que desde allí se divisan.
Fue allí donde decidimos probar suerte, e intentar subir al Hotel Sheraton Saigón, donde habíamos en la leído, que en la planta nº 23 se ubica una de las cafeterías-terrazas con vistas más famosas de Ho Chi Minh.

No fuimos muy convencidos, dado lo que nos pasó en Bangkok cuando intentamos subir a la Sirocco Tower y nos invitaron a volver mejor vestidos.
Nuestro atuendo de hoy, casi era peor, dado que llevábamos todo el día empapados por la lluvia, con un aspecto más que lamentable, por decirlo suave, y todo lo que se nos ocurrió, fue escondernos justo a un lado de la entrada, para que Marijose se arreglara un poco el pelo y yo, quitarme las cholas, volver a ponerme mis mojados zapatos de caminar y "desremangarme" los igualmente mojados pantalones.
Todavía nos reímos a carcajadas cuando recordamos la pregunta de Mari: - ¿Doy el "pego"? - -Espera, déjame mirarte bien...¡pues va a ser que no! -.

Lo intentamos de todos modos, y para nuestra sorpresa...¡Funcionó!


Los camareros, nos atendieron muy sonrientes, dada nuestra "pinta", en comparación con la gente "guay" que allí había, pero se ve que les caímos simpáticos, porque desde que pedimos unos cócteles y empezamos a sacar fotografías como locos, no dejaban de estar pendientes de todo lo que hacíamos y de reírse cuando los pillábamos observándonos.


Cuando nos terminamos nuestras bebidas y estábamos recogiendo para irnos, uno de los camareros se apresuró a venir con dos bebidas más, mientras que con una gran sonrisa en la boca, nos decía: -¡NO, NO, NO! ¡HAPPY HOUR!-.


Las vistas que disfrutamos desde la terraza del Sheraton Saigón, fueron un gran colofón a un día muy bueno, en el que ni la lluvia no fue capaz de arruinárnoslo.

Terminamos la jornada paseando tranquilamente en la noche, de vuelta hacia nuestro pequeño hotel de la zona de mochileros de Phan Ngu Lao, pasando por la zona del río Saigón, en donde numerosos cruceros de "estilo asiático", emitían la estridente música de los karaokes desde sus atracaderos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El Museo de Recuerdos de la Guerra (4ª parte).

Después de un reparador almuerzo y cansados ya de esperar a que la lluvia amainara, y ésta no lo hiciera, decidimos ponernos los chubasqueros, remangarnos nuevamente los pantalones y salir a la calle.

Mojarnos nuevamente no fue problema, pues aún estábamos empapados, pero lo curioso, es que ni por esas sentimos frío, todo lo contrario. Parecía que no estábamos mojados de la lluvia, sino más bien por nuestro propio sudor y es que el calor-humedad del ambiente ese día, era insoportable.


Habíamos puesto rumbo, hacia otro de los lugares emblemáticos de Ho Chi Min, su Museo de la Guerra.

Este lugar, parece estar dedicado a exhibir y denunciar los crímenes y atrocidades que recibió Vietnam durante la guerra con E.E.U.U.

Las imágenes expuestas, a nosotros  nos resultaron demasiado duras y contundentes.
Todos hemos visionado la distorsionada realidad cinematográfica a lo largo de nuestra infancia, de la versión norteamericana de la historia y verla ahora relatada desde el otro punto de vista, desde la perspectiva del que sufrió todas esas calamidades, abre los ojos a la dureza y determinación del pueblo vietnamita, al mismo tiempo que nos deja perplejos, el cómo aún habiendo pasado por todo ello, son capaces de abrirse y ser amables con los turistas de todas las nacionalidades.


Hay varias salas dedicadas a fotografías de atrocidades, matanzas y crímenes de todo tipo, cometidas por soldados americanos, sobre todo a civiles y a niños, que son una verdadera "patada" a la humanidad.
Espeluznantes y horripilantes son las fotografías que documentan la masacre en My Lai, o la de numerosos bombardeos con napalm.
Las peores y más tristes imágenes, son las de los niños con malformaciones debido al uso del "agente naranja" como arma química durante esa guerra, que además propició lamentables hambrunas en todo el país, al haber quedado arrasado los campos de cultivo con semejante "ingenio".


Fue por eso, que nuestra única fotografía aquí dentro, fue a una de las arcaicas armas que usaron los reporteros de guerra para denunciar toda esa barbarie, la cámara fotográfica de uno de los reporteros que murieron en acto de servicio, para que nosotros tengamos presente lo que ocurrió allí.


El museo cuenta además, con un atractivo patio donde se exponen algunos aviones de combate, helicópteros, tanques, bombas, etc, que fueron requisados al ejercito norteamericano durante la guerra.


domingo, 29 de enero de 2012

La Pagoda del Emperador de Jade (3ª parte).

Mientras tomábamos unas fotografías de la Catedral de Notre Dam, comenzó a llover, así que buscamos refugio en una de las cafeterías que hay en la zona.


Por probar, pedimos unos cafés vietnamitas, ya que el café de Vietnám tiene fama mundial.
Nosotros tomamos bastante café habitualmente, pero no somos expertos, por eso, nuestra opinión es que aparte de una forma singular de servirlo, es que es demasiado fuerte para nuestro paladar. Dejémoslo así.

Encima de la taza, colocan un pequeño recipiente de aluminio, lleno de café molido y agua caliente. Por gravedad, lentamente van cayendo las gotas del café a la taza.

En un minuto o así, retiras el recipiente metálico y ya puedes degustar tu café vietnamita.

En la carta de la cafetería, vimos que ofrecían el conocido "café de nutria", lo que nos provocó la risa. Si no lo habéis oído, nosotros os lo explicamos.

Cogen a un bicho parecido a un mapache pequeño, y lo "inflan" a comer granos de café.
Cuando el animalito defeca, la caca sale llena de granos de café semidigeridos, así que usan la "cagarruta", tal cual,  para elaborar su único e increíble (y carísimo) "café de nutria", que según ellos, es lo mejor de lo mejor...¡Como para tomar infusiones "de caca de bicho" vinimos hasta aquí! ¡Lo que hay que hacer para poder ser un Snob!...

Desde que paró la fina lluvia, salimos caminando en busca de nuestro siguiente objetivo: la Pagoda del Emperador de Jade.
No es que fuera el sitio más famoso de la ciudad, pero nos llamó la atención cómo la describían en la guía, y además, no parecía estar lejos de donde estábamos.

Nos costó un poco ubicarla, ya que estaba situada en unas calles que se salían un poco de las principales, en las que una multitud de restaurantes y puestos de comida local, se encontraban abarrotados de gente del país, con pinta de ser trabajadores de la zona, que aprovechaban su descanso para el temprano almuerzo.

Por unos momentos pensamos en comer allí mismo, pero el ver las señoras de los restaurantes, como lavaban los platos y cubiertos en unas sucias palanganas, con agua que parecía recogida de cualquier sitio infecto, nos "echó para atrás".

No sin dar unas cuantas vueltas pasando por delante de la entrada de la Pagoda sin verla, la encontramos por fin, y según pasamos dentro, comenzó a llover con ganas.


Esperamos y esperamos, por espacio de unas dos horas, sin nada que hacer, y no paraba de llover. Parecía que cada vez lo hacía con más fuerza, y el calor húmedo se hacía por momentos insoportable. Y tampoco es que la Pagoda requiera mucho tiempo, pues ya habíamos visto tantas en China...

Cuando nos hartamos de tanta espera, nos pusimos los chubasqueros y nos dirigimos a la salida, pero...¡el espectáculo que teníamos delante de nosotros era increíble!
La entrada y toda la calle, se habían inundado por completo, como con medio metro de altura de agua sucia.
La gente caminaba por la calle con mucha dificultad, con el agua por encima de las rodillas.
Muchas cucarachas y otros insectos flotaban moribundos y allí estábamos nosotros, impotentes, sin poder hacer nada.
Marijose estaba calzada con unas cholas todoterreno, pero yo con zapatos de caminar, así que le pedí que se remangara los pantalones y se metiera en el agua, mientras yo me descalcé para seguirla y no cortarme o hacerme daño. A ella no le hizo mucha gracia meterse en ese agua ( por lo de los bichos ), pero si queríamos salir de allí, no teníamos otro remedio.

Caminamos un buen rato bajo la lluvia, yo descalzo, por la calles de Ho Chi Minh, era muy divertido ver las sonrisas de la gente cuando pasaban al lado nuestro y se burlaban de nuestra situación, hasta que divisamos una tienda de zapatos, y de esa guisa entramos. Mari regateó con las empleadas y me consiguió unas buenísimas cholas por unos 5 € al cambio, así que ya calzado, a pesar de la lluvia, proseguimos con nuestro paseo.

Encontramos un bonito restaurante de comida al estilo italiano, con un pequeño escenario, donde hacían actuaciones en vivo por las noches y nos explicaron que esa misma noche, harían un baile "flamenco", entramos empapados, mojándolo todo.
Los chicos del restaurante, se encargaron de recoger nuestros chubasqueros y tenderlos sobre unas motocicletas que tenían aparcadas en la entrada y allí pasamos unas cuantas horas delante de un agradable almuerzo, contemplando el fuerte aguacero desde la ventana, que no cesaba.

jueves, 26 de enero de 2012

La Catedral de ¿Notre Dam? (2ª parte).

Con prisas para que no nos pillara la lluvia, encaminamos nuestros pasos hacia un punto de la ciudad que nos hacia muchísima ilusión ver.


Era una de las metas que nos habíamos marcado, como punto imprescindible a no dejar de visitar, desde antes de emprender este viaje.

Por momentos, el aire se volvió más húmedo y caluroso, y comenzábamos a sentir diminutas gotas de agua flotando en el ambiente, que lejos de resfrescar, hacían todavía más pesado e insoportable el clima.



De repente, una mujer occidental, de largo, oscuro y rizado cabello, se dirige a nosotros, con un marcado e inconfundible acento argentino:

- ¡Eh chicos! Os doy a dar un consejo -
y señalándome la cámara de fotos, que llevaba colgando de la mano, prosigue:

- ¡No llevéis la cámara así! Aquí son expertos y mundialmente conocidos por venir por detrás con la moto y dar tirones -. ¡Ok, muchas gracias por la advertencia! Se agradece -.




La verdad es que algo habíamos leído, pero andábamos tan confiados que ni se nos había pasado por la cabeza que nos pudiese suceder algo así. De todos modos, a pesar de que incluso estuvimos paseando a la noche por las orillas del río, donde por lo visto son más frecuentes esas cosas, tenemos que decir, que nosotros por lo menos, sentimos total seguridad en toda la ciudad.


Según se despidió la mujer, y volvimos la mirada al frente, allí aparecieron las dos torres de piedra rojizas, terminadas en una especie de cúpulas piramidales de color gris, rematadas con sus cruces de acero negro.

La Catedral de Notre Dam...pero la de Ho Chi Minh.


Nos dio otro de los grandes "subidones" por poder estar allí, y haber cumplido otro de nuestros sueños, al estar tan lejos de nuestra casa, contemplando ese detalle tan original, de tener una copia, versión asiática, de la verdadera Catedral Parisina de Notre Dam.



Claro, después vienen las odiosas comparaciones.
Que si las torres de ésta solo tienen 40 metros de altura por 69 de las originales, que si carece de las vidrieras barrocas o de las gárgolas, que si una es de estilo gótico y la otra neo-románica...
bla bla bla, lo cierto es que sí que tiene un parecido razonable.


Hay que tener en cuenta, y lo repetiremos siempre a lo largo del blog, que cuando aquí, en Asia te quieren vender algo como la copia de, o la versión de, no esperes algo exacto, o ni tan siquiera muy parecido al original.

Las copias o las imitaciones, son lo que son.
Sin más.


La catedral es muy bonita, y desde luego es algo que no "pega" en el lugar del mundo en el que está, pero la influencia francesa se puede sentir allí, cada vez que tropiezas con los edificios de ese estilo que están repartidos en varios puntos de la ciudad, y que son sus símbolos, entre los futuristas y modernos nuevos edificios de estilo asiático, y la forma de moverse y comportarse de sus paisanos.


miércoles, 25 de enero de 2012

El Ben Thahn y el Teatro de la Ópera de Ho Chi Minh (1ª parte).

Antes de nada, aclarar más o menos, no exactamente del todo, pero para que se entienda, pues hay mucha discusión con el asunto del nombre de la ciudad, y ya que nosotros lo teníamos confundido, que a la ciudad Saigón, no es que se le haya cambiado simplemente el nombre por el de Ho Chi Minh.

Saigón, era el nombre de la ciudad en tiempos de la colonia francesa de Conchinchina, y pasó a ser la capital de Vietnam del Sur, después de conseguir la independencia.
Cuando en 1975, por fin, Vietnam del Norte ganó la guerra y anexó toda la zona a su territorio, se le dio el nombre de Ho Chi Min, y hoy en día, popularmente, se conoce como Saigón a la zona centro de la ciudad, más o menos a lo que es la zona del Distrito 1.

Rotonda del mercado Ben Thahn.
El lunes 10 de octubre de 2011, nos levantamos temprano, para salir en busca de las principales atracciones para los turistas de la ciudad de Ho Chi Minh.


Solo con dar unos cuantos pasos por las calles, rápidamente caes en porqué esta ciudad es designada como la capital mundial de las motocicletas. ¡Es una pasada! Contemplar las carreteras atestadas de motos de pequeña cilindrada, que se mueven por miles en todas las direcciones, zumbando como si estuviésemos dentro de una colmena de avejas, es de lo más impactante.

 Al atravesar la zona de mochileros por el día, descubrimos una gran cantidad de agencias y de operadores turísticos, al estilo de casi todas las ciudades asiáticas, así que entramos, sólo por curiosear, en la que se nos ocurrió, y nos resultó tan bien de precio y nos proporcionaron un cambio mucho mejor de lo esperado por nuestros euros, que allí mismo, dejamos apalabrado para la mañana siguiente, irnos de excursión unos días a la zona del Delta del Mekong.

Entrada principal al mercado Ben Thahn.
Seguimos callejeando en dirección al centro, guiados por nuestro mapa de la guía, hasta que nos tropezamos con una imagen, que ya habíamos visto antes en el espacio de algún que otro bloggero, la rotonda que da al popular mercado de Ben Thahn, que es fácilmente reconocible por la torre de la entrada principal, con su campanario y un enorme reloj.
  
La noche anterior había llovido bastante, por lo que la mañana estaba de lo más insoportable por causa de la dichosa humedad y calor del clima asiático, así que decidimos ya, entrar en busca de refugio y algún refrigerio al mercado.
Para ello, nos costó un poquito cruzar entre el tráfico, ya que aún, no le habíamos pillado el "puntito" a esa locura motorizada vietnamita, llamada circulación.

Nada más entrar en el mercado, las chicas que allí trabajan, comenzaron a "atacarnos" para captar nuestra atención como posibles clientes, era simpático y gracioso, que llegaran hasta a agarrarnos de los brazos para que no escapáramos, ya que hasta ahora, en otros países asiáticos que habíamos estado, como China por ejemplo, el contacto físico, no es lo normal. De todos modos, a pesar de los agarrones, las chicas eran muy simpáticas y no molestaban mucho cuando veían que no les íbamos a comprar nada.


En uno de los puestos del mercado, nos tomamos unos Ice Coffes deliciosos, que cumplieron a la perfección el papel reparador que buscábamos, y después de deambular un rato el Ben Thahn, nos volvimos a la calle, en busca de más cosas que ver.


En la rotonda que está frente al mercado, hay una famosa estatua del héroe local Tran Nguyen Han, del que se dice, fue el primero en usar palomas mensajeras en Vietnam.

Un ratito caminando por la calles, sorteando muchas más motocicletas en las intersecciones (y a algunas que circulaban incluso por las aceras), llegamos al famoso Teatro municipal o Teatro de la Ópera.
Un edificio colonial, elegante y recientemente restaurado.


Allí, mientras lo fotografiábamos, oímos unos truenos, que hacían un mal presagio y que nos preocuparon.
Rápidamente salimos a la carrera en busca del edificio que más deseábamos ver de la ciudad...

Teatro municipal o de La Ópera.


martes, 24 de enero de 2012

"Phan Ngu Lao". La zona mochilera de Ho Chi Minh. Nuestra llegada.

Después de investigar un poco el mapa de nuestra guía, nos dimos cuenta de la suerte que habíamos tenido, ya que el bus, nos había dejado en un parque que está justo un par de calles más arriba de la zona de los mochileros, aquí llamada Phan Ngu Lao.

Uno de los espectaculares edificios de Ho Chi Min en la noche.
Salimos caminando en dirección a esas calles y en poco tiempo comenzaron a sucederse ante nuestros ojos, los "chiringuitos" de "marcha" nocturna, centro de atracción para los turistas occidentales, típicos en toda Asia.
Unos pocos occidentales veinteañeros, (y de algunos que no lo son tanto), perdiendo tiempo y dinero, en unos cuantos locales bastante "cutres", con la estridente música técno a todo volumen, mientras una multitud de jóvenes locales, intentan sacar unas "migajas" de todo este "rollo".
A nosotros dos por lo menos, no nos gustó nada este ambiente, en el que detectamos cierto "tufillo sórdido", típico también en este tipo de zonas de las ciudades de los países asiáticos. Pero eso es porque ya, vamos "chirriando" a viejo, y hemos visto algunas cosas algo "más sofisticadas", por así decirlo, en otras partes del mundo, tipo Amsterdam.
Como de costumbre, dejar claro que ésto es solo una opinión muy personal.

En mitad de esa cuadra de calles, en pleno "meollo" mochilero, mientras buscábamos el hotelito que habíamos usmeado desde el Pc de Kaeo en Camboya, nos asaltó una señora, preguntándonos si buscábamos alojamiento.
Se presentó a si misma, como Madame Cuc, de la que habíamos leído algo en nuestra guía, de camino aquí.
Mari, cansada por el viaje y un tanto harta de que cada dos pasos nos pararan ofreciéndonos algo, confundiéndola con alguna vendedora de "chucherias", le hizo un pequeño desplante y siguió su camino, a lo que la señora respondió de malos modos, recriminándole cosas en su idioma, con mucha mala leche. A mi, me dio la risa, pero curiosamente la señora no se enfadó conmigo. A mi, me sonreía, pero luego se volvía en dirección a Mari y retomaba su retahíla de improperios.
Entonces, ya nos dio la risa a los dos, y casi nos "desternillamos", por lo que nos despedimos de la enfadada señora y seguimos buscando.

Calle Phan Ngu Lao en la mañana, donde nos dejó el bus de noche.

Cruzando la calle que sobrepasa la zona de mochileros, a pocos metros de ella, encontramos lo que buscábamos. El nombre del hotel en un cartel.
Por la fachada del edifico, parecía que dejaba claro la categoría del hotel.
Con la recepcionista, una joven y bajita vietnamita, tardamos un rato en poder entendernos, ya que su acento era casi incomprensible para nosotros, y viceversa.
Después de un ratito de risitas, nos mostró una habitación, que no estaba nada mal para lo que se adivinaba desde la calle, así que nos la quedamos.
Esa misma recepcionista, después de la necesaria ducha, se encargó de cambiarnos unos pocos Euros por Dongs para que pudiésemos salir en busca de cena.

Totalmente agotados, retornamos a la cercana zona de mochileros en busca de comida. Se nos antojó un poco complicado, ya que lo que abunda allí, a parte de los bares y terrazas en la calle, son agencias de excursiones y viajes, que algunas aún permanecían abiertas, y todo tipo de negocios dedicados al turismo.
El haber llegado a un nuevo país, sin haber investigado mucho o más bien nada, acerca de la comida, tampoco ayudó mucho, así que nos metimos en el primer restaurante con buena pinta que encontramos abierto y que a pesar de la hora, accedieron a atendernos.

Pedimos pasta al estilo italiano, y arroz con pollo, o eso ponía la carta.
Al poner los cubiertos en la mesa, los de Mari venían llenos de hormigas. El cuenco de arroz que nos pusieron, estaba lleno de mosquitos de color verde...pero había hambre, llevábamos todo el día con un paquete de galletas, así que eso eran minucias, y la comida nos supo a gloria.


sábado, 21 de enero de 2012

Destino: Vietnam.

De Siem Reap a Ho Chi Minh.

La agotadora jornada en la que pusimos rumbo hacia el siguiente país, objetivo principal de este viaje, Viet-Nam,  comenzó a las 05:45 de la mañana, con los últimos ajustes y preparativos de las mochilas.
Como una hora más tarde, nos aguardaba un minibus en la puerta del hotel, para llevarnos hasta la estación principal de autobuses de Siem Reap.
Hasta la puerta del minibus, se acercaron nuestros amigos, Kaeo y Sam Om, para darnos sendos y efusivos abrazos de despedida. - ¡Ojalá que volváis! - nos dijo Kaeo, - ¡Ojalá volvamos a verlos! - les contestamos nosotros.


Como siempre, el trayecto en autobús, nos resultó pesadísimo.
Recordamos haber visto a una pareja de españoles a bordo, que no nos dirigieron palabra alguna, (ni nosotros a ellos tampoco, que la verdad sea dicha) y a nuestro lado, una simpática pareja de mayores, de Indonesia, que no pararon en todo el camino hasta Phnom Penh, de hacernos preguntas acerca de Barcelona y de nuestras islas Canarias.

La llegada a la ciudad de Phnom Penh, fue bastante caótica.
El conductor, preguntó uno por uno a los pasajeros que íbamos en la guagua, hacia dónde nos dirigíamos. A los que respondimos que a Ho Chi Minh city , nos señaló a unos señores, que se abalanzaban y se zarandeaban entre la multitud, colocando desde fuera en los cristales, cartones con nombres de personas escritos.
Entre esos cartones, leímos el nombre de Pedro Antonio, mal escrito, pero entendible, o sea que hacia el chico que lo portaba nos dirigimos y hablamos con él. Efectivamente, nos buscaba a nosotros, así que nos colocó en un Tuk Tuk junto con nuestras mochilas y nos condujeron hasta una oficina en algún lugar del centro de la ciudad.

Eran las 13:45 horas, y el "dulce" muchacho que trabajaba en la oficina y que nos atendió, nos dio conversación.
Él insistía en que cambiásemos el billete del autobús para mañana o pasado, para que visitásemos su ciudad, y nosotros amablemente le indicábamos que teníamos los días contados para nuestra estancia en Viet-Nam.
No era verdad del todo, pues en realidad, a pesar de que sí que habían cosas que hubiésemos podido visitar en Phnom Penh, teníamos nuestros motivos, que aquí no vamos a citar, para no desear ver esa ciudad.

Pasaba el tiempo y nosotros sabíamos que nuestro nuevo autobus partiría a las 15:00 horas, y los chicos de la oficina, seguían sonriéndonos y dándonos conversación.
No creemos que fuese casualidad. Descaradamente, estaban haciendo tiempo para que perdiésemos el autobús y nos quedásemos en la ciudad, con lo que ello conlleva, que si una noche más de hotel, que si te alquilo un Tuk Tuk para visitar la ciudad...
Cinco minutos antes de las tres, Mari se agarró un "mosqueo" monumental y de esa manera, le preguntó al "amanerado" muchacho, directamente y sin rodeos, que si estaba haciendo adrede que perdiésemos el autobus, que salía en cinco minutos.
Al ver nuestro enojo, rápidamente llamaron por teléfono a la estación de buses y a un taxi para trasladarnos hasta allí.
Con cara de circunstancias nos despidieron, pero jugaban una carta más.
El taxista conducía superlento y no hablaba nada de inglés, con lo que los intentos por pedirle que condujese más deprisa eran nulos.
Hasta que los dos nos enfurecimos. Así mismo, en español, comenzamos a vociferar en la oreja del taxista, que sin entender ni una sola palabra de nuestro idioma, comprendió que no nos estaban engañando...
El taxista, llamó por su teléfono (suponemos que a la estación de buses o a la oficina) y con cara de susto, nos asentía con la cabeza.

De repente, en una intersección paró. Nos señaló un bus express que tenía un cartel en el que se leía Ho Chi Minh, y con gestos, nos indicó que vendría otro y que nos recogerían allí.
Bajamos del taxi y nos preparamos con las mochilas a la espalda, pero en una acción muy buena de reflejos por parte de Mari, no dejó que el taxista se marchase como pretendía. Logró que entendiese, que hasta que apareciera la guagua, él no se iba a mover de allí.

Unos diez minutos después, el taxista con cara de desesperación, llamó nuevamente por teléfono. Habló con evidente tono de discusión con alguien, y cuando terminó, nos hizo señales de que todo estaba bien.

De repente, apareció nuestro bus. Iba casi lleno, un joven se bajó raudo y con prisas me ayudó a colocar las mochilas en la bodega. Con el mismo apremio, nos indicó que subiésemos y nos colocó en nuestros asientos asignados.
Por la ventanilla, observamos la más que evidente cara de alivio del taxista. Nos decía adiós con la mano, como pensando, ¡la que me acabo de quitar de encima con estos dos!

Sobre las 17:30 de la tarde, el viejo autobús, conducido "al estilo Asia" por su conductor, subió junto a otros buses y camiones, a "lomos" de un transbordador, y cruzamos por espacio de unos 25 minutos, el río Mekong.
Allí, contemplando las dos orillas, a bordo de nuestro bus, en medio del río, comenzamos a relajarnos de la tensión previa.

Justo antes de llegar a la frontera, el conductor, hizo la típica parada que se hace para comer y descansar un poco.
Con el día ya oscureciendo comenzó a llover y la humedad era insoportable, así que decidimos bajar y entrar al garito en cuestión para ir al baño y ver si había algo que pudiésemos comprar para comer.
El local, era enorme, con un montón de mesas llenas de comensales, y como con mil mosquitos por cada uno de ellos, pero debería ser algo así como un restaurante de moda, en el que las numerosas parejas se daban cita para cenar.
Los baños estaban al fondo del todo, al lado de la cocina, y para poder entrar en ellos tuvimos que remangarnos los pantalones y pisar con cuidado, pues el suelo estaba inundado y los olores eran de cuidado.
Yo salí antes que Mari, a la que le costó un poco más que a mi por razones obvias, y me dediqué a fisgonear y a preguntar en la cocina.
Había hambre, y cuando Marijose se unió a mi, estuvimos a punto de pedirnos alguno de los guisos que tenían en los enormes calderos de aluminio, pero en el último momento nos arrepentimos, no fuese aquello nos fuera a sentar mal al estómago, que tenía toda la pinta. Nos conformamos con un paquete de galletas que habíamos comprado unos días atrás en el supermercado de Siem Reap.

Las aduanas fronterizas, son un tremendo engorro y una pesadez supina.
Primero, no entendemos bien "su manera" de hacer las cosas. Sobre todo, con el asunto de los pasaportes. Un señor que no sabes quién es, pide y se lleva los pasaportes de todo el mundo. Se baja del autobús con ellos, mientras la gente, pregunta a voz en grito que a dónde se llevan nuestros pasaportes, y el conductor intenta tranquilizarnos.
Luego, te tienes que bajar, tomar tus mochilas, y hacer una cola, hasta que finalmente pasas por un garito, donde el señor te devuelve el pasaporte, y te hacen dejar las huellas digitales de todos tus dedos.
Eso es para salir de Camboya.
Cuando pasas caminando, unos metros más adelante, hay que hacer otra cola, para repetir el trámite, pero esta vez, para entrar en Viet-Nam. Vamos, ¡Un "ladrillazo"!

Bueno, después del astío que es la frontera, aunque sin ningún problema, también hay que decirlo, cayó definitivamente la noche antes de tomar de nuevo nuestro autobús y retomar la marcha. Esta vez, peor aún, pues ni siquiera, hay un paisaje que poder observar durante esas interminables horas.
Mientras Marijose dormía (como siempre, en cualquier sitio y postura, y a mí, la envidia me corroía, también como siempre), comencé a vislumbrar a través del cristal del bus, la diferente escritura vietnamita en los carteles de los negocios y la diferente fisonomía de las personas que aparecían ante mi "a través de mi pantalla", y comencé a sentir en el estómago un nuevo "subidón" de emociones.

Como a las 22:00, el bus se detuvo frente a un parque.
Última parada, nos dijeron. Y junto con los demás pasajeros, somnolientos y agotados por la paliza del viaje, nos bajaron en plena noche, totalmente desubicados.
Todos se preguntaban entre ellos, según iban recogiendo sus maletas, dónde estaban.
Yo me acerqué al conductor de bus, con mi guía en mano, y le dije que me señalara dónde nos encontrábamos. Él puso su dedo en el mapa, sobre un parque en mitad de la ciudad.

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