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domingo, 22 de abril de 2012

Vídeo-Resumen de nuestro paso por Hanoi.

Nuestro particular punto de vista sobre Hanoi, en el vídeo-resumen más personal que hemos hecho sobre nuestros viajes.
Ha salido un resumen un poquito más largo que los anteriores, pero si queréis saber exactamente como vivimos la locura del Barrio Antiguo de Hanoi, os recordamos que nos os perdáis la segunda mitad del vídeo.


martes, 17 de abril de 2012

El tren nocturno Hanoi-Lao Cai, rumbo a Sapa.

Por la mañana, antes de salir en busca del Mausoleo de Ho Chi Minh primero y del Templo de La Literatura después, habíamos dejado arregladas una serie de cosas con el vendedor de la agencia que tiene el hotel Sunshine3 en su recepción.

Mausoleo de Ho Chi Minh.
La primera, hablada desde el día anterior, un trekking de 3 días por las montañas de Sapa.

Estuvimos mirando la posibilidad de ir por nuestra cuenta, pero es que solamente los billetes de tren en la estación, nos costaban casi lo mismo que comprar el pack que nos ofrecían, con los billetes de tren, el traslado desde Lao Cai en furgón, noche de hotel, guía local, noche en un stayhome, algunos almuerzos incluidos...


Templo de la Literatura.



La segunda cosa que arreglamos, fue una excursión a Tam Coc el mismo día en el que llegásemos, y si quedábamos contentos, le compraríamos otra más, esta vez a la Bahía de Halong, todo a condición de que a la nuestra vuelta de Sapa, que sería muy temprano, nos permitieran una ducha antes de salir.





Pagoda de Confucio.


El agente, se ofreció hasta para que durmiéramos unas horas en una habitación, sin costes adicionales, ya que haríamos noche allí mismo ese día al volver de Tam Coc, y otra noche más después de Halong ,si finalmente es que le comprábamos el crucero a él.



 

Pagoda del Pilar Único.



Todo parecía estupendamente arreglado.
Pero a nuestra vuelta al hotel después de todo el paseo de ese día, el recepcionista era otro y no nos puso buena cara al decirle que queríamos ducharnos antes de que nos viniesen a buscar para llevarnos a la estación.

De hecho, de entrada, nos dijo que no tenían habitación de cortesía.
Nuestra contestación naturalmente fue, que eso estaba ya hablado con el de la agencia, junto con la habitación que nos había ofrecido para la mañana del regreso.

 Su respuesta, con cara de desdén, fue que el agente de la recepción no tiene nada que ver con lo que es el hotel, y que para disponer de una ducha al llegar temprano de Sapa, tendríamos que pagar un early-checking...

Puente Huc y tempo Ngoc Son.


Mari, indignada con la actitud de este nuevo recepcionista, el comentario que hizo, me ofuscó mucho, más si cabe, que la pretensión de este tío, producto de estar hastiados con tanto intento de timo sufrido a lo largo del día de hoy:

- ¡Pero es que estos tíos son todos iguales, todo amabilidad hasta pagar y después cambian el trato para que pagues más! -

Mi amplia paciencia acabó en ese mismo instante y dejé caer el puño cerrado sobre el mostrador con toda la fuerza: - ¡Me devuelves el dinero ahora mismo, me cambio de hotel, me compro los billetes y las excursiones en otro lado (y otras cosas no tan agradables que no se pueden decir aquí), y punto! -

Lago Hoan Kiem.



La cara del recepcionista cambió radicalmente, mostrándose infinitamente sumiso, mientras todo el personal del hotel, incluida la simpática dueña, acudió en menos de un milisegundo, a solucionarnos el problema.

La dueña llamó por teléfono al hombre con el que habíamos tratado todo el asunto y me pasó el aparato, para que yo me despachase a gusto con él y que el asunto me lo arreglara sin problemas para que las cosas fueran como me había dicho en su momento.
 
Torre de La Tortuga al anochecher en el lago Hoan Kiem.
La excusa que nos daba la señora del hotel, era que el nuevo recepcionista no sabía nada de lo que habíamos acordado con el agente, y que en realidad, él no podía hacer esas cosas, ya que no era personal del hotel, pero nosotros nos mantuvimos en recibir exactamente lo que habíamos pactado, o nos devolverían el dinero aunque fuera por la malas, que ya nos buscaríamos la vida en otro sitio donde no mintiesen.
Ellos lo intentaron, pero se hizo todo, según exigimos, como lo habíamos acordado, ni más, ni menos. Por esta vez, no les salió bien la jugada.

Nos dejaron ducharnos, en un baño inmundo del personal, al lado de la cocina, lo que hizo que no se nos fuera el mosqueo del todo, pero allí nos apañamos como pudimos.
Al ratito de asearnos y refrescarnos, en el momento que le decíamos al ahora sonriente y sumiso recepcionista, que iríamos a tomarnos algo a nuestro restaurante de enfrente, apareció un vietnamita enanito, dándonos prisa para que nos fuésemos ya con él en un taxi, hacia la estación de trenes, y así lo tuvimos que hacer.

Tren de Hanoi a Lao Cai.

Cruzamos en el taxi, el laberinto de calles repletas de un mar de personas, que nos confirmó al llegar a nuestro destino, fijándonos en el taxímetro, la salvajada de timo que nos había metido el taxista de la mañana. Esta vez, por un trayecto tres veces más largo, a nuestro acompañante, le había costado diez veces menos...

Cabina en el tren.

La estación de trenes, nos pareció vieja y destartalada, y nos resultaba extrañamente familiar, después descubriríamos que ya la habíamos visto antes en un programa de TV.
Los andenes, ajados, sucios y mal iluminados a esas horas de la noche, estaban salpicados de personas de aspecto humilde, cargadas con infinidad de bártulos, que tuvimos que ir sorteando hasta llegar a nuestro vagón.

Compartimos cabina con dos chicas inglesas treintañeras, que se presentaron como profesoras de inglés que vivían trabajando en Singapur. Acomodados los cuatro en nuestras literas, nos enfrascamos en una buena conversación, comparando nuestros muy parecidos puntos de vistas acerca de la ciudad de Hanoi, a pesar de ser también entre nosotros, personas de lugares y culturas bastante diferentes.
Nos reímos largo y tendido, cuando una de ellas nos confesó, que estubo todo un día enfadada, con una discusión que tuvo con un taxista por un timo bestial, en el precio de un pequeño trayecto desde el centro hasta el Mausoleo de Ho Chi Minh...

domingo, 15 de abril de 2012

El Templo de la Literatura.


Cuando nos cansamos de recorrer el complejo del mausoleo de Ho Chi Minh, sobre las 11:30 de la mañana, decidimos a pesar del calor, ir caminando hasta el otro punto emblemático de la ciudad, el Templo de la Literatura, que está situado no muy lejos al sur de dónde nos hayábamos.

Todavía nos duraba el mosqueo con el taxista, y cada vez que alguno paraba y comenzaba a llamarnos a gritos, cosa que sucede allí cada dos minutos, Mari les respondía:

 - ¡Sí sí, espéranos un momento que ahora mismo vamos! -

Eso, les creaba confusión, y no sabían si esperarnos de verdad o continuar.

Puerta principal de acceso al Templo de la Literatura.

En un ratito caminando, sufriendo el tremendo calor de esa mañana, llegamos a la imponente puerta principal de nuestro siguiente punto de exploración en la ciudad, que estaba repleta de turistas que montaban el típico alboroto. O sea que, cualquier parecido con lo que habíamos leído en las guías de viaje, en las que se explicaban que allí se viviría un remanso de paz en medio de Hanoi, nada de nada.

El Templo de la Literatura, está compuesto por un complejo de jardines y salas que se van cruzando a través de unas singulares puertas, que son de original arquitectura vietnamita, teniéndolas representadas como símbolo, en sus billetes de 100.000 Vnds.

Construcciones sobre las puertas, arquitectura tradicional vietnamita consideradas símbolo nacional.




A los lados de un gran estanque cuadrado, hay unas grandes tortugas de piedra que cargan sobre su caparazón unas lápidas con nombres grabados, de hombres ilustres.



Estas esculturas son consideradas como las piezas más importantes del templo.


 Avanzando hacia el interior, llegamos hasta un amplio patio, donde se reunen los turistas extranjeros y vietnamitas, en los puestos de chatarra típica colocados allí, para vender souvenirs de todo tipo.







En el punto más profundo del Templo de la Literatura, se encuentra la pagoda principal del complejo, que alberga una venerada imagen de Confucio, entre otras.


 






A pesar del relajante paseo, el calor del mediodía, se nos hizo insoportable.


 Decidimos, sentarnos a descansar a la sombra y bebernos unos refrescos, cosa que hicimos por lo menos, durante una hora si no más, en el último patio, frente a la "pagoda de Confucio", donde como era mediodía y con las circunstancias climatológicas ya mencionadas, pareció que aflojó un poco la masificación de personas. Puede que a eso se refiriesen las guías como al "remanso de paz".


 Desde que nos recuperamos, salimos a la calle, para seguir a pie el recorrido principal que marcan las guías como más interesantes para ver en Hanoi.


La locura de Hanoi, es infinita.
Cada cinco pasos, nos llamaba un cyclo ofreciéndose para llevarnos, o un Xe Om (una motocicleta que hace las veces de taxi), cuyo conductor, nos persigue dándonos la vara un ratito. Aparecen entre la multitud, mujeres que nos rodean para vendernos rosquetes. Derrepente, una moto en la que viaja una pareja de dos jóvenes, nos corta el paso. La chica se baja y comienza a largarnos el mismo rollo que en China, de que es estudiante de arte y quiere enseñarnos su obra, - ¡No estamos interesados, gracias! -. Los taxistas, nos gritan desde el otro lado de la calle, las camareras desde los restaurantes...
Era realmente agotador.

Mientras escribimos estas líneas, hablamos entre nosotros y recordamos Hanoi como una ciudad fascinante y muy divertida, de los mejores sitios en los que hemos andado en nuestros viajes, pero también tenemos presente que aquí, llegamos a un punto, en el que creímos haber agotado para siempre nuestra paciencia y hasta nuestras ganas de Asia para toda la vida... se nos pasó enseguida.


Recorrimos singulares calles que se suponen, están especializadas en un solo producto, que era el que le proporcionaban su nombre, aunque realmente en todas se vendía de todo, como la calle del calzado, la de la seda, etc.
Incluso, nos dio por meternos en una oficina de un banco local, ante la mirada sorprendida de las cajeras, y conseguimos hacernos entender para cambiar dinero, con una comisión de risa, mejor que en cualquier sitio de cambio.


Llegamos de nuevo al Lago Hoan Kiem, donde en un banco junto a la orilla del agua, bajo la sombra de un árbol, tomamos asiento para descansar un poco, y Mari, se quedó profundamente dormida (típico en ella), mientras yo me quedé ensimismado con las imágenes cotidianas de las personas que allí viven durante un largo rato.

Cuando el sol estaba cayendo, nos animamos nuevamente, y salimos caminando en busca de cena a nuestro restaurante favorito, pero antes, nos hicimos el mejor y más divertido paseo, que nos dimos en Hanoi.

 
Las calles a esa hora estaban a reventar de gente, hervían con el frenesí de los vendedores de todo tipo, de turistas mochileros de todas partes del mundo, regateando en alta voz con ellos por una infinidad de productos.
  
Sorteábamos la locura de motos y de gente como podíamos, nos adentramos en los callejones más profundos del Barrio Antiguo, con una sensación de seguridad y de confianza, que no podemos sentir ni siquiera en algunos lugares de nuestro propio país.
Aquella tarde, fue sencillamente espectacular.



viernes, 13 de abril de 2012

El mausoleo de Ho Chi Minh de Hanoi.


Por la noche nos habíamos ido a la cama con buenas sensaciones, después de una agradable cena en nuestro "sitio favorito para comer" en Hanoi, en la que nos lo pasamos bien bromeando con las camareras.

Eso cambió hoy, desde bien temprano por la mañana, con el constante bombardeo de pequeños timos a los que nos someten sin escrúpulos, a los turistas de todas las partes del mundo que visitan Hanoi.

No hablamos con un solo extranjero de los que conocimos por el camino, que no hubiese conseguido llegar a su límite, por la constante "tocada de narices", así que como decía mi abuela, "mal de muchos, consuelo de tontos".

El primer punto elegido para visitar hoy, era el Mausoleo de Ho Chi Minh, a las afueras del Barrio Antiguo, y nuestra idea era alcanzarlo paseando tranquilamente. Pero, uno de los minúsculos taxis que pululan por las callejuelas, paró a preguntarnos a dónde íbamos.
Una vez le explicamos, comenzó el cansino debate de cuánto pagar, y resolvimos que pagaríamos lo que marcara el taxímetro. Con una sonrisita (ya veríamos que malévola) el pequeño taxista aceptó.


Comenzamos a circular como van ellos, "a toda pastilla", por las abarrotadas calles.
El conductor esquivaba magistralmente cualquier obstáculo de los que surgían derrepente, casi sin inmutarse, mientras que nosotros dos, detrás, poníamos las caras de susto, típicas de los turistas, que nunca llegamos a acostumbramos a ese estilo de conducción asiático.

Enseguida nos percatamos de que el taxímetro corría tanto como el coche, pero bueno, al final sería un Euro más la diferencia, pensamos. Mal pensado.
Mal pensado, porque el taxista, era un magnifico predistigitador, que comezó a ejercitar su magia para despistarnos. Sonrisita, mientras nos señalaba a donde mirar e intentaba explicarnos qué era cada sitio por el que estábamos pasando:

- A la izquierda, el consulado de Filipinas -, sonrisita...
- A la derecha, estatua de Lenin -, sonrisita...
- ¡Pedro! ¿el taxímetro no marca demasiado? - me comenta Mari.
Pues es verdad, pero si solo fue desviar la mirada un segundo y ahora el taxímetro marca más del doble de lo que tenía...
- A la derecha, torre del estandarte y parque de militares -, prosigue el taxista con su sonrisita, pero ya no desviamos la mirada, manteniéndola clavada en el taxímetro.
- A la derecha, consulado de Alemania.- señala, y sonrisita...mientras le veo desplazar su mano sutílmente para pulsar un botoncito camuflado debajo del volante y...¡Plum! 50.000 Vnds del ala, más para el taxímetro.

¡STOP HERE!

Por un segundo, lo que se me pasó por la cabeza hacerle a aquel enano, no fue bonito precisamente. Puede que me esté haciendo viejo, ya que a veces suelo pecar de tener reacciones bastante impulsivas, pero ese día por lo que me dio, fue primero, por señalarle el taxímetro y preguntarle si lo tenía roto, y después por darle el dinero mano mientras lo miraba a la cara. El, dejó de sonreír mientras esquivaba mi mirada.
Nos bajamos con un fuerte "mosqueo", que nos duraría toda la mañana, pues no era cuestión de dinero. Aunque también lo era, pues lo que nos costó esa carrera, fue lo mismo que si hubiésemos estado en España, y eso es mucho dinero allá.  El enfado, fue más bien, por la falta de respeto constante que demuestran estos personajillos, al actuar como si todos los extranjeros fuesen unos estúpidos, a los que se les cae el dinero del bolsillo, como si en otras partes del mundo se nace con él, o algo así.

Sacamos nuestro mapa, y mientras mandábamos de malos modos a hacer gárgaras a todos los taxistas que paraban a preguntarnos si queríamos ir a algún lado, nos dimos cuenta de que estábamos a poca distancia de nuestro objetivo.

Era temprano aún, pero no había la mejor de las condiciones para largas caminatas.
La despejada y calurosa mañana, con un sol cegador, nos pasaba factura rápidamente.
Doblando una esquina, nos dimos de bruces con lo que andábamos buscando.


Al fondo de una plaza ajardinada, se vislumbraba una enorme construcción cuadrada.
El mausoleo de Ho Chi Minh, donde contrariamente a lo que él deseaba, permanece su cuerpo embalsamado.


Dicen que éste, es el lugar más sagrado del país, y hasta aquí vienen muchos vietnamitas, no solo turistas, a venerar y presentar sus respetos a su amado héroe.
A nosotros, este sitio y toda su parafernalia, nos recordó en gran medida a la Plaza de Tiannamen, la adoración que sentían los chinos hacia Mao y el culto que le procesaban. En esta plaza de dimensiones algo más reducidas que en la de Pekín, se respiraba una atmósfera muy similar.


En la enorme plaza, delante del cubículo donde descansa el cuerpo de Ho Chi Minh, hay una avenida peatonal, que se usa para desfiles militares, y siempre hay guardias de impoluto uniforme blanco custodiando la entrada.
Según habíamos leído, las ceremonias del cambio de guardia, eran comparables a la del Palacio de Buckingham, en Londres, Inglaterra.

Soldados durante el cambio de guardia.
Nosotros tuvimos la suerte de encontrarnos con uno de esos cambios de guardia cuando abandonábamos el recinto, pero ya nos esperábamos, como otras tantas veces, lo que son las copias asiáticas.


El que quería compararlas, o bien no había visto la verdadera y original, o simplemente lo exageró tres pueblos, seguramente para atraer turistas por ejemplo, por decirlo suave.
Siempre decimos, a cada cosa hay que darle el valor que tiene, y admirarla como tal. Las comparaciones en Asia, muchas veces, como en este caso, parecen de chiste.
Pondremos un trocito del cambio de guarda, en nuestro Vídeo-Resumen de Hanoi.

En el momento de nuestra visita, no se podía acceder al ver el cuerpo de Ho. Mejor, pues no nos apetecía nada, y fue una duda que nos despejaron.

Detrás del mausoleo, hay un complejo, dedicado a la memoria del Héroe, que comienza en una visita a una casa o palafito, con un bonito jardín y su estanque correspondiente, donde Ho Chi Minh vivió unos años, y que conservan tal y como la dejó.

Palacio Presidencial.
Cerca del palafito, se puede ver desde fuera, ya que están prohibidas las visitas, el amarillo y enorme Palacio Presidencial, un edificio de estilo colonial bien restaurado.


Hay también un museo dedicado al héroe, un enorme edificio blanco, al más puro estilo soviético, dedicado a exaltar al comunismo, donde perdimos poco tiempo.

Y por último, en este recinto, además se encuentra la famosa Pagoda del Pilar Único.


Una pequeña decepción para nosotros, pues esperábamos quizás algo más glorioso.

Está tan promocionada por toda la ciudad y habíamos leído tanto acerca de ella, que al final, puede que la espectativa, se nos hiciera un poco grande.


Esta pagoda de madera, construida sobre una única pero gruesa columna, con intención de imitar una flor de loto, está situada en medio de un pequeño estanque, y simboliza algo así como "lo puro en medio de un mar de dolor".
Lo cierto es que el agua estancada, es la casa ideal para los hambrientos mosquitos, o sea, que cuidadito con ellos.

miércoles, 11 de abril de 2012

El lago Hoan Kiem.

Panorámica del lago Hoan Kiem, con la torre de la Tortuga al fondo.
El Puente Huc, que cruza el Hoan Kiem hasta el templo Ngoc Son.

Situado en pleno centro del Barrio Antiguo, a tan sólo un par de calles de distancia de nuestro hotel, fue uno de esos contados lugares que me provocaron el, bautizado por Marijose para reírse de mi, "subidón eufórico".


Yo no se que fue, seguro que son tonterías interiores de cada uno, pero el vernos allí, en un lugar que nos había cautivado desde que lo veíamos por televisión en nuestros programas favoritos de la tele, tanto, que lo tuviésemos como objetivo prioritario en las cosas indispensables para ver en este viaje, haberlo alcanzado por nuestros propios medios, sin más ayuda que nuestro ingenio para hacernos entender y poder movernos por Asia, me emocionó, me llenó de orgullo y satisfacción...


Es en estos momentos, cuando Marijose aprovecha burlonamente para ponerme los pies en el suelo deciéndome: - ¡Pedro, no te pongas eufórico que te conozco! -

Ya sé que no somos los únicos, ni los primeros, ni los últimos, pero allí estábamos, una pareja de una pequeña isla del Océano Atlántico, encantados de poder ver y sentir la esencia de ese lugar con nuestros propios ojos.

El lago Hoam Kiem, tiene, como en todos los lugares de cierto renombre aquí en Asia, una leyenda (de cuentos infantiles) detrás. Aquí, según cuentan, una tortuga gigante dorada, le quitó de la mano la espada que había sido enviada del cielo al emperador Le Loi y que usó para expulsar a los chinos de Vietnam, desapareciendo en las aguas del lago para devolversela a los dioses...de ahí viene el nombre del lago, Hoan Kiem, que significa algo así como espada restituida.

  
Tras la entrada principal, compramos unos tickets para poder acceder al pequeño templo Ngoc Son, que esta en la isleta del norte del lago, que se accede a través del famoso Puente Huc, otro de los símbolos de Hanoi que teníamos que ver sí o sí.


Aunque el Puente Huc es más pequeño de lo que pensábamos, hubiese sido imperdonable no sentir su importancia como punto fundamental en la vida de los oriundos de Hanoi.


En esos días, en los que volveríamos a menudo por allí, pudimos contemplar numerosos eventos, como por ejemplo, las fotografías de bodas de muchas parejas de novios, con el Puente Huc de fondo, o simpáticas imágenes de lugareños haciendo sus ejercicios, y hasta una que yo me conozco, reventada por el calor y el agotador día de excursión por Hanoi, se dedicó a dormir la siesta...

Muchísimas parejas vienen a hacerse sus fotografías de boda con el Huc de fondo. 
Simpática imagen de los lugareños haciendo ejercicios en el Hoan Kiem, con el Ngoc Son al fondo.

¡Nunca te duermas al lado de alguien con una cámara en mano!

Cruzando el Puente Huc, dentro del pequeño templo de Ngoc Son, con fama de ser el templo más visitado de Hanoi, y seguramente lo sea debido a su estratéjica ubicación, pudimos disfrutar de las estampas cotidianas, sobre todo de personas mayores, reunidas y absortas en con sus juegos y entretenimientos.

Gente mayor, jugando a las damas chinas en el templo de Ngoc Son.

Nunca hemos entendido, cómo pueden pasarse horas en esta postura. ¡Parece que hasta descansan!


El templo Ngoc Son, contiene además, un ejemplar de tortuga disecada, enorme, que supuestamente es de la especie que habita o habitaba el lago Hoan Kiem, aunque hay gran controversia sobre el tema de que en esas contaminadas aguas hayan tortugas.
Se especula, con que de vez en cuando, la mano del hombre coloque allí algún ejemplar con el fin de mantener viva la leyenda. Es lo más probable, o por lo menos, creíble.

Torre de la tortuga, en un islote al sur del lago. Con luz diurna arriba, iluminada en la noche abajo.

Ese mismo primer día de exploración, ya anocheciendo, nos hicimos un largo pero agradable paseo, en busca de otro de los lagos más grandes y famosos de Hanoi, situado unas cuantas cuadras de calles más hacia sur, el lago Bau Mau, en el Parque de Lenin, donde habíamos leído que deberían haber cafés y restaurantes callejeros, pero esa zona no nos gustó en absoluto. Nos pareció una parte de la ciudad demasiado abandonada, muy descuidada y sucia.

martes, 10 de abril de 2012

El Barrio Antiguo de Hanoi.


Hanoi, es conocida mundialmente como la vieja gran dama de oriente, porque de ella se dice, que su impactante y trepidante bullicio, más su incesante movimiento, hacen que pareciera permanecer anclada en el tiempo.
Es una ciudad moderna, pero antigua al mismo tiempo.


Nosotros atestiguamos que sí, que eso, es totalmente cierto.
Sobre todo su Barrio Antiguo
Directamente aquí, sin "anestesia", justo donde comienza, fue el lugar donde nos dejó el autobús de línea que nos trajo desde el aeropuerto.


Nada más bajar del autobús, emprendimos una disparatada, loca y divertida odisea en forma de caminata, sin un destino concreto, en un laberinto de estrechas calles, donde no cabía ni un alfiler más.

Todas las calles, estaban atestadas de motocicletas, de vendedores ambulantes que cada dos pasos te interrumpían para preguntarte si les comprarías algo, portando sus mercancías en cestas colgadas en un palo que atrevesaban en sus hombros, con tiendas, negocios y restaurantes de todo los tipos y colores en todas y cada una de las puertas de los edificios.

De esa manera, cargados con nuestras mochilas, nos contagiamos del frenesí de las calles del Barrio Antiguo, y a buen ritmo sorteamos toda aquella marabunta, en busca de un alojamiento, que fue realmente fácil conseguir.

Bastó con preguntar en un par de hoteles de los que nos encontramos por el camino, para encontrar uno bueno, bonito, barato, y céntrico en el Barrio Antiguo, muy próximo además, al Lago Hoan Kiem, nuestro primer objetivo para nuestra exploración de Hanoi.

El hotel se llama Sunshine3, no estaba mal, y no tenemos queja alguna de él ni de sus empleados, todo lo contrario, excepto quizás, por la agencia de viajes que hay en su hall, en que compramos unas billetes de tren a Sapa entre otras cosas.

Albergamos la sospecha de que el individuo que allí trabaja, clonó nuestra tarjeta de crédito, pues al llegar a casa, finalizado el viaje, padecimos una serie de movimientos fraudulentos con ella, que por suerte, pudimos solventar con un poco de esfuerzo. Creemos que allí fue, pues en ningún otro lugar en todo Vietnam la usamos.
Pero bueno, es una sospecha "fundada", que tampoco se puede confirmar y como al final, lo pudimos solucionar, pues que les sirva como advertencia a todos los viajeros, ya que este tipo de timos de Hanoi, están a la orden del día. ¡Ojo avizor!

Pho con ternera, estilo Hanoi.


Nos alojamos en nuestra habitación, nos dimos una larga ducha de agua fria, pues que el calor y el tremendo sol que hacia nos fundió, y rápidamente salimos a la calle en busca de nuestro primer punto a visitar en Hanoi.


Antes, por supuesto, primera parada en el restaurante que está enfrente del hotel, que establecimos como nuestro sitio favorito para comer en Hanoi, ya que la comida estaba muy buena, y el emplazamiento en esa calle del Barrio Antiguo, no podía ser más pintoresco, entre un sin fin de lugareños, de extranjeros y... de motos, como no.


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